jueves, 17 de enero de 2013

Valer lo que un número dicta



- Se nos va a caer encima todo el miedo a perder lo que hemos construido. 

La codicia es el veneno más peligroso: corrompe nuestras almas, nos condena a ir sucumbiendo a la maldad, perdiendo el juicio y todo aquello en lo que creímos. ¿Qué seríamos sin esa vocecita que nos guía, que nos dice que es lo correcto? Perderíamos la dignidad, el derecho al respeto propio, la condición de ser humano.

- Se nos va a caer encima y nos va a aplastar. Tras todos estos años de innumerables esfuerzos todo será en vano: nos darán a probar nuestra propia medicina. Nos arrebatarán todo.

Aquel que duerme por las noches con algo que no le pertenece en el bolsillo está condenado a ir perdiendo la cabeza poco a poco, a olvidar al resto de mortales, a perder su integridad y su fortaleza. Aquel que puede resistir un huracán por no pedir perdón, en el futuro, no tendrá más compañeros que su orgullo y su avaricia.

- ¿Qué ha sido de esos jóvenes entusiastas, que eran felices con pasar la tarde juntos, en la playa o quizás en el parque? ¿Qué será de nosotros, querido amigo, cuando todo aquello en lo que hemos basado nuestra vida se vaya a pique?

+ Aquellos jóvenes fueron asesinados hace tiempo. Aquellos jóvenes murieron a la vez que nuestra juventud. Aquellos jóvenes maduraron, aprendieron que el preocuparse de uno mismo es más importante que cualquier principio. ¡Quién pudiera volver a esos entrañables tiempos en los que las cosas valían algo más que dinero: valían emoción y entusiasmo! ¿Recuerdas de niños, cuando esperábamos a Papa Noel junto al árbol? Los juguetes eran un trofeo, los juguetes eran algo más que simples cacharros: eran el reflejo de meses y meses de espera. Ahora un millón que se pudre en un banco no es apenas nada, un millón que nunca será gastado, que podría hacer felices a miles de personas. Un dinero que no usamos, una esperanza muerta: nuestra vida es eso. El poder no es más que una enfermedad que nos consume las entrañas, que nos destruye. ¿Qué haremos sin nuestros bienes materiales? Lo mismo que hicimos con ellos: esperar a la muerte, sin capacidad de sentir ni de valorar las virtudes que la vida nos ofrece.

No importa cuanto tengas. No importa cuan importante seas, pues al final no quedará nada más que el recuerdo de tu pequeña fortuna. El corazón se acostumbrará a vivir acongojado y solo, y tu morirás triste: eso sí, tu entierro será todo un lujo. Tu tumba ocupará lo que seis, tu epitafio sera escrito en letras de oro y en lugar de ramos de flores, plantarán árboles y rosales. Un profesional cantará una canción triste y todas las personas que acudirán a tu entierro, que serán muchos, llorarán desconsoladas tu perdida.

'Aquí llace un hombre cuyo error fue creer que las cosas valen aquello que dictan las cifras.'

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