Pero... ¿Y si te digo que lo que has vivido no es ni la mitad?
¿La mitad de qué?
La mitad de lo que queda.
¿Dónde?
Nadie lo sabe, solo un pequeño suspiro puede convertirte en cenizas...
¿Y si te digo que no conoces nada?
¿Y si te digo que no has sufrido nada?
¿Y si te digo que no puedes ni tan siquiera imaginar lo que depara el paso del tiempo, imparable como un torrente de dolor que fluye cuando aparece una herida?
Si te digo que vivirás inevitablemente preso de la certidumbre, sabiendo que morirás sin haber vivido lo que podrías haber vivido, sin cumplir tus sueños de papel, que quedarán disueltos por la lluvia, sin surcar el cielo uniendo las estrellas con tu viaje...
¿Tendría sentido algo a partir de ese instante?
¿Podrías soportar el peso de mi realista pesimismo?
¿Porqué pudiendo disfrutar de lo que tenemos sufrimos por lo que no tenemos?
¿Porqué somos tan idiotas de creer que la felicidad es una meta alcanzable?
Yo diría más bien que la felicidad es un CAMINO ACCESIBLE.
Puede que ahora no lo entiendas.
Pero... ¿Y si te digo que esperamos demasiado?
¿Demasiado de qué?
De lo que podemos conseguir.
¿Dónde?
En nuestras vidas, que como estúpidos nos olvidamos de vivir.
¿Y si te digo que exprimas cada instante?
¿Y si te digo que respires cada aroma?
¿Y si te digo que no puedes ni tan siquiera imaginar lo que depara el paso del tiempo, que te abrirá caminos inexplorados, te permitirá gozar del mayor privilegio existente?
Si te digo que vivirás inevitablemente satisfecho de sentir miedo, dolor y tristeza si eso te recuerda la oportunidad de vivir lo que quieres vivir, de cumplir tus sueños de papel y surcar el cielo con la esperanza como motor y la ilusión como alas...
¿No comenzarías a sentirte mejor?
¿No querrías cambiar de actitud?
¿No querrías dejar de lamentarte y
comenzar a vivir de una puñetera vez?
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