domingo, 27 de julio de 2014

Demasiado.


Mirando por la ventana y, contemplando como, en una sola calle, se concentran mil historias, me he dado cuenta de que hay demasiado en este mundo. 

Demasiado sobre lo que reflexionar, demasiadas personas, demasiados seres vivos, demasiados problemas y demasiados triunfos, demasiado descontrol, demasiada energía, demasiada luz, demasiadas cosas materiales, demasiada vida y demasiadas muertes, demasiado. Demasiada agua, demasiada tierra, demasiado fuego y demasiado aire. 


Es superior a lo que cualquier fuerza pueda soportar: el mundo es demasiado para el mundo.

Todo esto ha venido a mi cabeza como una bala: directa, rápida, imparable. 

Todo esto me ha sobrecogido y he pensado que soy diminuta, pero no menos que tú ni menos que nadie. 
Soy tan importante en este universo como el polvo: somos polvo... 
Tengo miedo: ningún dios me protege, nada impedirá que el dolor venga a asfixiar mi vida. 

¿Qué importamos entonces?
Importamos lo mismo que cualquier cosa:
nada.

1 comentario:

David Sánchez FSK dijo...

Si entras en la vida de otra persona para bien o para mal, adquieres un valor que sigue sin valer nada pero que puede valerlo todo para esa persona.