Autocrítica
No me encuentro ni con un millón de señales.
No sé cual de esas personas soy. ¿Cómo es posible que pase desapercibida
siendo tan extraña, estando tan loca y cuerda, pensando como los ermitaños? Nadie
me conoce, y yo soy alguien. Supongo que
nadie conoce a nadie, ¿No? ¿O es que soy un bicho raro, un desperdicio, un
padrastro del dedo del pie de algún pez gordo? ¿Es que soy una veleta en un mar
de Titanics?
¿Y si soy iceberg? ¿Soy un estorbo, un
obstáculo que no pueden superar? ¿Quieren eliminarme para cubrirse de gloria?
Estaría de rechupete ser una putada en su burdel de cerdos y diamantes, pero,
¿a quién quiero engañar? Si eso fuera así, ya me habrían eliminado sin apenas
inmutarse.
Ya lo tengo: soy una pobre incomprendida que
tiene que luchar con valentía contra su desgraciada circunstancia. ¡Aquí me
tienen, mártir del libre pensamiento! ¡Aquí me tienen, evitando sus dagas con
la gracia de una ayudante de mago del circo de las mariposas! ¡Aquí me coloco,
para que hagan lo que quieran conmigo, para que me hagan fuerte! ¡Aquí estoy,
cual junco, resistiendo los vientos mientras los robles caen! No, tampoco es
cierto: la vida todavía no me ha mostrado los colmillos.
Bueno, entonces, ¿Qué estoy haciendo en este
lugar tan sombrío? ¿Vivir por no morir? Quizás no esté mal, lo cierto es que
vivo acomodada a esta rutina basada en criticar y ser criticado, en recibir y
dar, en consumir, producir y ser reproducido, en hablar y escuchar, en llorar y
reír, en triunfar y perder la fama en un suspiro. Pero… ¿Eso es todo? ¿Mi vida
nunca será… emocionante? No, de eso nada: tarde o temprano todos reciben lo que
dan. Tarde o temprano, todos encontramos nuestro sitio. Tarde o temprano todos
logramos respirar aire puro…
¿No?
Que alguien me detenga, estoy comenzando a
deprimirme, pues estoy pensando, filosofando, preguntándome y preguntando imposibles
preguntas y esperando en vano malabaristas respuestas.
Pensar, cuestionar, reflexionar. Si no lo
hiciera, no necesitaría saber quién soy, que me espera o cual es mi misión.
¿Por
qué lo hago entonces? Porque saber es lo que nos hace desdichados, pero ignorar
es lo que nos hace presos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario