Hacen lo que quieren con vosotros, pero no os importa: es más difícil
actuar que sufrir, así que dejáis que os utilicen y maltraten por miedo y
pereza. Nadie está contento, todo el mundo se queja, pero nadie hace nada: el
mundo sigue girando, pero no porque alguien lo mueva. Si la vida en la
tierra fuera nuestra responsabilidad, el planeta se convertiría en un desierto
cementerio.
No nos gusta, pero aceptamos lo que nos lo ofrecen por muy
nauseabundo que nos parezca, ya que subsistir a base de los demás es más
sencillo que luchar por nuestros sueños. Preferimos vivir en una rutina fría y
aburrida pero que no necesita mantenimiento a forjar con acero y sangre una
aventura en la que nosotros, y solo nosotros, somos los dueños de nosotros
mismos.
Esta falta de ambición, ilusión, honestidad, valentía y dignidad tan propia
del ser humano nos convierte en seres fáciles de controlar. Tenemos tendencia a
aceptar sin criticar, a tragar sin masticar, a someternos al que dice ser
nuestro señor. Las masas necesitan aferrarse a un ideal, a un ente divino, a un
rey, a una sociedad. Necesitamos que nos trituren la comida para comerla, con
lo cual, necesitamos al enemigo para sobrevivir.
En eso nos hemos convertido: en borregos que necesitan un pastor. Nadie
hace nada que contradiga el plan que ha sido diseñado para nosotros, pues ,si
lo hiciéramos, podríamos tener que empezar a depender de nosotros mismos, a
tomar nuestras propias decisiones, a ser libres. Y, ¿quién quiere ser libre?
Nuestra vida es una plantilla: nos dicen qué vestir, qué comer, cómo
divertirnos, cómo deprimirnos, cómo andar, cómo y cuánto dormir, de qué hablar,
qué creer, qué sentir, qué pensar, qué debemos amar, qué debemos odiar, qué
podemos hacer, qué está prohibido, qué está bien, qué está mal, cómo debemos
emplear nuestro tiempo, qué es valioso, qué es digno, qué es normal, qué es
anormal, qué es ser inteligente, qué es ser atractivo, qué es la felicidad…
Ser libre significaría tener que descubrir por nuestra cuenta todos estos
conceptos y tener que aprender a vivirlos a nuestra manera. Pero, habiendo ya
puentes por los que cruzar, ¿Por qué construir uno propio? Por muy
sucio, abandonado y poblado de monstruos que esté el puente que nos ofrecen, no
merece la pena construir otro. ¿Para qué revelarse? ¿Para qué
quejarnos, pudiendo reducir nuestra vida a seguir ciertas normas y costumbres?
¿Para qué ser independientes, si nos pueden manejar y guiar otros?
… ¿No?
Lucha por ser libre.
… ¿No?

No hay comentarios:
Publicar un comentario