Sobrevuelo cabezas de diminutos tamaños con la fuerza que el viento me proporciona, saboreo la libertad de la ignorancia, vivo mis sueños , los hago más y más grandes...
Con el rostro entumecido por la rutina, me olvido por un ratito de lo que me rodea y nado en mi interior en busca de consuelo y desahogo: recuerdo lo bien que me sentí, imagino cómo me sentiré, invento historias imposibles, releo libros, vuelvo a ver películas, saboreo mi comida favorita y observo como viajan los colores del viento.
Y es que, a veces, la realidad es tan aburrida y tediosa que no esta mal irse flotando a lugares más alegres e interesantes, pues la felicidad esta en todas partes, esperando encontrarnos. Si no la logramos agarrar viviendo...
Hagamoslo soñando.
Soñemos que damos la vuelta al mundo con nuestro mejor amigo.
Soñemos con el romance perfecto, aunque nuestro amado no tenga rostro.
Soñemos con naturaleza reemplazando metrópolis.
Soñemos con una casa del árbol en la que tomar pastas y té.
Soñemos con niños jugando tranquilos e ignorantes de la preocupación.
Soñemos que los hombres tienen corazones honrados y puros.
Soñemos con la mar susurrándonos historias de piratas.
Soñemos que encontramos amistades verdaderas.
Soñemos que somos felices y libres.
Soñemos que volvemos a ver a esa persona.
Soñemos con mariposas danzando por un jardín olvidado.
Soñemos que la brisa roza nuestra piel y eriza el vello de nuestro cuerpo.
Soñemos con una caricia trazada por nuestro ángel de la guarda.
Y tras soñar nuestra vida, vivamos nuestros sueños.
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