Viajamos por este marchito planeta con el cobarde corazón
palpitando nervioso, asustado de esta humanidad hipócrita que ha reducido
nuestras vidas a aparatos de usar y tirar. Nos desplazamos confundidos, guiados
por una luz extraña, sin ninguna garantía de qué podremos encontrar. A tientas
conseguimos considerarnos personas dignas de respetar, dignas de ser llamadas
por su nombre, dignas de pisar el suelo que envenenamos segundo a segundo.
Algunos encontramos algo de antídoto en los sentimientos y
los pequeños placeres que tanto nos complacen, pero cada vez estos artículos de
lujo se vuelven más exclusivos, pues nadie está dispuesto a sacrificar dichos
bienes por los demás. Así que, los que solo encontramos la felicidad en el
pensar y sentir estamos cada vez más solos, más aislados y asustados. No vemos
lo que los demás ven, los cuales solo necesitan un poquito más de veneno humano
para seguir hacia adelante.
¿Qué será de nosotros? Solo nos queda encontrarnos y poder
compartir lo que nadie quiere ya: amor y pureza.


No hay comentarios:
Publicar un comentario